Zona de confort

En la entrada de hoy hablamos sobre la “zona de confort” un concepto que está de moda en el ámbito profesional y también popular puesto que denomina muy claramente el espacio en que cada individuo siente comodidad, rutina, hábito, acomodamiento, control, conocimiento…etc. La zona de confort son las personas y lugares que conocemos, dominamos o manejamos con cierta soltura y esa soltura la hemos alcanzado mediante práctica y repetición y se ha establecido a merced de ciertos factores como nuestra personalidad, nuestro entorno, valores, recursos, educación, experiencias… Es ahí donde solemos actuar con prevención de éxito, es decir, sabemos que probablemente no haya error. La cuestión que nos planteamos es…¿si no hay error, habrá aprendizaje, crecimiento y motivación?.

zona de confort

Salir de la zona de confort es avanzar como persona

El desarrollo personal necesita de ambos espacios, la zona de confort (que aporta estabilidad, visión, tranquilidad, seguridad) y la zona más desconocida, aquella que supone más reto en la que demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de restablecer objetivos, metas y deseos. Es como en un vídeojuego, cuando jugamos en un nivel en el que hay que aprender y conseguir varios objetivos y hasta que eso ocurre no podemos pasar a otro nivel.
Hay quien se queda en un nivel y prefiere no cuestionarse si habrá otros niveles o cómo serán, a esto, en la vida podemos llamarle conformismo. ¿El conformismo nos hace felices?, pues la respuesta sería que depende de cada persona y de sus circunstancias y aspiraciones, hay personas más conformistas y otras más ambiciosas (en otro post hablaremos sobre la ambición que recordemos que puede ser dañina/beneficiosa por exceso o por defecto) pero en líneas generales el Ser Humano tiene una tendencia natural/innata a sentirse feliz, satisfecho y/o motivado cuando logra o alcanza aprendizajes nuevos, cuando supera temores a lo desconocido y cuando pone a prueba su aprendizaje previo y se da cuenta que puede/debe continuar avanzando.
Un buen ejercicio o reflexión frecuente es preguntarse qué personas/situaciones/actividades nos reportan confort y cuáles otras nos suponen cierto temor, inquietud, deseo, registrarlo por escrito y proponerse ir probando las de la segunda lista.

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