Adicción a las nuevas tecnologías

Queremos dedicar esta entrada a tratar un tema en auge y progresión que no solo resulta en beneficios sino también en perjuicios para nuestra sociedad, la adicción a las nuevas tecnologías. Si bien es cierto que la era tecnológica en la que nos encontramos está suponiendo una auténtica revolución y un gran avance. La comunicación inmediata en tiempo real con cualquier persona en cualquier parte del mundo resultaría algo imposible de imaginar hace no tantos años.
Realmente, a nivel personal o laboral supone muchas ventajas: Mandar correos desde cualquier punto sin esperar llegar al ordenador de casa o la oficina, tener la posibilidad de comunicación continua mediante whatsapp u otras aplicaciones similares, redes sociales donde la información es veloz y sale casi al mismo tiempo que la propia noticia, internet y poder acceder a cualquier tipo de información o documentación, compras Online, videoconferencias…y un largo etcétera a nuestro fácil alcance. Desde mi perspectiva profesional y psicológica por lo que veo, no solo en consulta (personas que quieren tratar su adicción al móvil o a las redes sociales) sino también en mi entorno, me encuentro en la obligación moral de tratar este tema con la seriedad que merece. Quiero dejar claro que mi perspectiva es que, en principio y con un uso inteligente y saludable, las nuevas tecnologías claramente suponen progreso pero, como la mayoría de cosas en la vida, hay que saber darle buena utilidad y buen manejo para que no se nos vaya de las manos.

adicción a la nuevas tecnologías

Por qué es fácil ser adicto a las nuevas tecnologías

Veamos la cara no bonita de las nuevas tecnologías: Hijos que no saben entretenerse, divertirse o aburrirse de forma creativa, constructiva, libre, madurativa, enganchados a las máquinas o con el estrés de tener que estar continuamente en comunicación con sus compañeros mediante videojuegos o grupos de comunicación, padres que saben que eso en exceso y sin control no está bien pero que el tema se les apodera porque el resto de chavales lo hacen y mi hijo no va a ser el “bicho raro” o porque estamos tan cansados que si los hijos están a su bola con los aparatos podremos tomar aire y descansar pero se nos olvida poner límites, ser firmes y hacerles ver que están perdiendo por el camino sus habilidades de gestión emocional. Parejas, familias o amigos que en sus quedadas dejan atrás las interminables y sanas conversaciones porque las interrumpen con mensajes y más mensajes personales o de trabajo, la falta de privacidad y protección de intimidad por nuestros propios perfiles sociales y el “entretenimiento” que supone ver el de los demás y alimentar el cotilleo, esa necesidad casi imperiosa de compartir nuestros eventos privados y fotos porque si no los compartimos parece que no han sucedido, la sobreexigencia laboral, aquella en la que nuestros jefes o clientes esperan respuestas inmediatas mediante email, mensaje o llamada ya que nos pueden conectar y “controlar” en casi cualquier momento.

La adicción a la tecnología un trastorno psicológico

Y no olvidemos otras situaciones de gravedad, ya que los últimos estudios realizados confirman que toda esta vorágine tecnológica genera, precipita o incita trastornos psicológicos como el déficit de atención, adicción, falta de habilidades sociales, ansiedad y otras situaciones como el acoso escolar, situaciones de violencia de género, casos de pedofilia y un largo etcétera desagradable e inhumano.
¿Dónde ha quedado la tranquilidad de ir sin móvil?, aquellos años en los que uno solo podía avisar de fijo a fijo e iba por la calle sin la angustia de pensar que se había dejado el móvil. Hoy en día, tristemente, no somos capaces de pasar un día sin estar multiconectados a todo esto, parece que si vamos libres de conexión nos vamos a perder cosas importantes o no vamos a ser igual de eficaces en el trabajo o va a pasar una catástrofe. Por favor, volvamos a poner los pies en la tierra. Analicemos nuestra actitud y conducta al respecto, seguramente nos daremos cuenta de que el uso que le damos a todo ello es excesivo y dependiente. Paremos, reflexionemos y hagamos de vez en cuando un ejercicio de “desconexión” en el que dejar a un lado, por unas horas, las llamadas, los mensajes, whatsapp, Twitter, Facebook, Instagram, Google, correo electrónico…etc, nos daremos cuenta que, aunque sintamos extrañeza, sentiremos también alivio y esa desconexión nos permitirá volver a conectar con detalles esenciales a nivel personal, familiar, social o laboral. No debemos menospreciar que actualmente, sí existe riesgo de conductas adictivas con el uso de las nuevas tecnologías. Estemos pendientes de si puede estar ocurriendo a nivel individual o a alguien de nuestro entorno y no miremos a otro lado.

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