Déficit de atención en niños

En la entrada de hoy queremos abordar un tema de interés y creciente en nuestra sociedad.

Cada día hay más diagnósticos que refieren que nuestros niños padecen un déficit atencional, y por nuestra experiencia clínica ante tales casos queremos dejar clara nuestra postura y visión al respecto. En numerosas ocasiones nos llegan padres y madres preocupados por no saber tratar las dificultades que tienen con sus hijos y a veces esos niños han sido diagnosticados previamente con un trastorno por déficit de atención para el que han prescrito farmacología. Si bien es cierto que consideramos que en algunos de esos casos la medicación sí es necesaria, en otros tantos casos la medicación podría evitarse.

Creemos absolutamente necesario que se hagan evaluaciones exhaustivas del caso antes de decidir qué es lo mejor para los chavales y sus familias. Es decir, es imposible que se diagnostique haciendo una o dos entrevistas de menos de una hora y con ello se sepa que prescribir. Debemos tomarnos el tiempo suficiente y emplear las herramientas necesarias para conocer el caso de cada niño en profundidad y así poder tomar la mejor decisión. La medicación, en líneas generales y si es realmente necesaria, por supuesto no es “mala”, lo que sí consideramos perjudicial es poner en tratamiento farmacológico a niños de corta edad a y hacerlos “dependientes” de algo externo a ellos mismos cuando podría evitarse.

déficit de atención en niños

¿Qué hacer ante el TDAH?

En d´Harcourt Psicología tenemos claro el protocolo a seguir en estos casos y luego ese protocolo general variará en función de las particularidades de cada proceso. En primer lugar, entrevistamos a los padres y/o tutores del niño en cuestión las veces que sea necesario para resolver y acotar todas las dudas necesarias. En esas primeras tomas de contacto tendemos a “normalizar” la situación y tranquilizar las inseguridades que los padres suelen mostrar, ya que muchas veces vienen diciendo que su hijo tiene TDA o TDAH y sin embargo no saben qué es o qué implica pero lo han oído en su entorno familiar, escolar…etc. Por tanto, es vital esta fase en la que distinguimos conductas (comportamientos) normales a ciertas edades de otras que no es que no sean “normales” pero que debiéramos vigilar. Por ello, también entrevistamos al niño, empleando su propio “lenguaje”, mediante el juego, la observación, el teatro, técnicas proyectivas…etc. Es decir, que un niño sea muy movido o se distraiga con facilidad o le cueste seguir normas no conlleva directamente que tenga ningún trastorno. Hay niños más o menos activos, más o menos soñadores (menos atentos), más o menos despistados…etc. Si con prontitud asociamos sus rasgos de personalidad o sus conductas (a veces molestas para quienes les cuidamos) a un trastorno, no estamos respetando su forma de ser ni dándoles la opción inteligente de que aprendan y vayan corrigiendo sus dificultades y carencias sino mostrándoles claramente que lo que les ocurre no depende de su control y manejo directo sino de algo que se encuentra fuera de ellos mismos (medicación). Por ello hay que ser muy cauto y tener las cosas muy, muy claras antes de decidir y actuar. Y nuestra filosofía al respecto es primero intentar modificar las pautas que rodean su crianza, educación, rutinas…etc y observar qué efectos tienen esos cambios, con este abordaje terapéutico en muchas ocasiones es suficiente y no es preciso medicar, en otras tantas situaciones la terapia por sí misma es insuficiente y debiéramos derivar a un tratamiento conjunto con psiquiatra especializado en atención infanto-juvenil.

Algunos indicativos que debemos valorar:

  • Dificultades para focalizar su atención y para mantenerla de modo continuado tanto en el trabajo como en el juego.
  • Dificultades en realizar actividades que implican un proceso secuencial.
  • Cuanto más aburrida o complicada es la tarea, más dificultades de atención manifiestan.
  • Dificultades para atender paralelamente dos tareas.
  • Suelen cometer errores por no prestar atención a los detalles.
  • En actividades que les resultan interesantes  se aumenta notablemente su atención, por ello es normal que la familia y los profesores piensen que se trata de desmotivación.
  • Con frecuencia parecen no oír cuando se les llama, presentar dificultades en seguir instrucciones y en terminar tareas y juegos que han comenzado. Es decir, empiezan más atentos y conforme avanza el proceso disminuyen su atención.
  • Presentan dificultades en la planificación y previsión de las tareas.
  • Abandonan frecuentemente las actividades que requieren esfuerzo mental.
  • Pierden cosas a menudo, se olvidan de asuntos de su responsabilidad.
  • Se distraen fácilmente con cualquier estímulo interfiriente.
  • Dificultades con el manejo y control del tiempo.

Si observamos algunos o todos éstos síntomas será conveniente solicitar la evaluación de un especialista pero sin anticipar ni etiquetar antes de tiempo.

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