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Psicologa Zaragoza

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Gabinete de psicólogos en pleno centro de zaragoza especializado en evaluar y tratar diversos problemas de origen psicológico, que nos causan malestar y nos influyen de manera directa o indirecta, impidiendo un funcionamiento óptimo. En algunas ocasiones sentimos que nuestra vida no va por el camino que nos gustaría, nos sentimos insatisfechos, infelices, enfadados, decepcionados…etc.

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Expertos en la evaluación y el tratamiento de diversos problemas y patologías: Ansiedad, depresión, miedos, adicciones, terapia familiar, de pareja, sexual, autoestima, habilidades sociales...

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Nuestra filosofía

Nuestro objetivo es atenderte de forma inmediata, individualizada, eficaz, humana, actualizada, competente y profesional. Pretendemos ayudarte, orientarte, reeducarte, enseñarte, apoyarte para que encuentres nuevas posibilidades y recursos, potenciar capacidades, modificar o eliminar pensamientos disfuncionales, comportamientos inadecuados o creencias desadaptativas, intervenir en el entorno que interfiere de forma negativa, reestructurar de nuevo interpretaciones o actitudes erróneas, todo ello con el objetivo de encontrar equilibrio, bienestar, salud y calidad de vida.

En el centro disponemos de los recursos humanos y materiales necesarios que nos permitirán cumplir con los objetivos deseados. Nos basamos en la terapia cognitivo-conductual adaptándola a las necesidades personales de cada caso, esta terapia es considerada la estrategia de intervención clínica más utilizada, eficaz y con los mejores resultados tanto a corto como a largo plazo. Ofrecemos evaluación y tratamiento a niños, adolescentes y adultos tanto en terapia individual como grupal, terapia de pareja y mediación familiar, además renovamos de forma constante nuestros cursos y talleres que cumplen con los objetivos de formación, orientación, aprendizaje y socialización.

Si quieres conocer más a fondo nuestro centro, la terapia, preguntas frecuentes sobre el proceso terapéutico o saber más sobre los cursos que impartimos o las secciones dedicadas especialmente a ayudarte, sigue visitando nuestra página web.

Noticias de interés

Afrontar la inseguridad ante el futuro.

La crisis económica ha provocado que se viva en una época de incertidumbre. Las dificultades para mantener o encontrar un empleo y la imposibilidad de saber cuándo pasará la crisis generan indecisión, inseguridad y malestar psicológico en muchas personas, que pueden radicalizar sus puntos de vista. Para intentar sobrellevar esta incertidumbre, los expertos insisten en echar mano de la capacidad de cada uno para sobreponerse al malestar psicológico, tejer una buena red social y afectiva, mantener en forma la autoestima y recuperar el pensamiento positivo.  
El psiquiatra Luis Rojas Marcos, profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), señaló en la conferencia "Insomnio en 360 grados", celebrada en octubre del año pasado en Barcelona, que estos problemas se deben, en parte, "a un estado de incertidumbre, a no saber qué depara el futuro, de ponerlo en cuestión, que se ha agravado con la coyuntura económica actual".

Más preparados para la adversidad que para la incertidumbre

Durante la conferencia "¿Cómo superar la adversidad?", Rojas Marcos aseguraba que, en la actualidad, a pesar de que el ser humano está cada vez más preparado para resistir las adversidades, muchas personas tienen problemas para "lidiar con la incertidumbre". Esta falta de certeza afecta tanto porque "venimos al mundo pensando que tenemos derecho a una vida larga y completa y damos por sentado que el sentido del futuro forma parte de la definición de lo que somos", explicaba.

¿Qué hacer para sobrellevarla? Rojas Marcos propone apelar a la resiliencia (la capacidad para sobreponerse a las épocas y situaciones de malestar psicológico), tejer una buena red social y afectiva, mantener en forma la autoestima y recuperar el pensamiento positivo.

La inseguridad puede radicalizarnos

El ser humano está cada vez más preparado para resistir las adversidades, pero no tanto para lidiar con la incertidumbre

El hecho de que la incertidumbre haga temblar los pilares de la seguridad lo demuestran diversas investigaciones. En un experimento realizado por Michael How, de la Claremont Graduate University (EE UU), los voluntarios escribían sobre temas en los que no tenían certezas. Luego se les preguntaba su opinión sobre soluciones radicales a los problemas de la vida en el campus universitario. Se comprobó que estos voluntarios, que con anterioridad se habían mostrado moderados, optaban por soluciones radicales.

En otro estudio, pidieron a los voluntarios que escribieran textos, dirigidos a unos desconocidos, en los que expusieran sus opiniones sobre la experimentación con animales o sus preferencias dietéticas. Cuando a estos voluntarios se les hizo perder la seguridad en sí mismos (al recordarles experiencias pasadas dolorosas o pedirles que escribieran con su mano no dominante), escribieron textos más largos y con más ahínco para convencer a sus lectores sobre sus puntos de vista. Es decir, según los expertos, se radicalizaron.

LA INCERTIDUMBRE: ARMA DE SEDUCCIÓN

Cuando un hombre juega a no dejar claro a una mujer si siente atracción por ella, tiene más probabilidades de conquistarla. Por lo menos así lo aseguran los investigadores Erin R. Whitchurch y Timothy D. Wilson, de la Universidad de Virginia (EE.UU.), y Daniel T. Gilbert, de la Universidad de Harvard (EE.UU.). Para llegar a esta conclusión, realizaron un estudio de lo más curioso. Reunieron a un grupo de 47 estudiantes universitarias y les dijeron que participarían en una investigación para estudiar la viabilidad de la red social Facebook como lugar de citas.

Les dijeron que hombres de otras universidades habían consultado el perfil de cada una de ellas (información como la edad, las aficiones, etc.), pero en realidad, esos chicos no existían. A cada una de las chicas se le mostraron los perfiles de cuatro chicos. A algunas de ellas se les dijo que les habían mostrado a los chicos que más se habían interesado por ellas. A otras, que les habían mostrado a los chicos que se habían interesado algo. Y a otras, que les habían mostrado a chicos que podían estar o muy interesados o algo interesados. A todas les preguntaron si consideraban atractivos a esos chicos. Las mujeres que se sintieron más atraídas fueron las últimas, es decir, quienes no sabían si habían gustado a los chicos.  

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La felicidad es contagiosa

En Plum Village, el monasterio cerca de Burdeos (Francia) donde vive Phap Dung, suenan campanas a cada rato. Y, cuando lo hacen, todo se detiene, en una peculiar versión del escondite inglés. El objetivo es cultivar “mindfulness” o atención plena, lo que él define como “la energía que nos ayuda a estar completamente presentes en la vida”.

Entre otras cosas, esto significa romper la arraigada tendencia de darlo todo por hecho. Abres el grifo y sale agua caliente, por ejemplo, pero el día que se produce una avería, muchos de nosotros nos subimos por las paredes. “La atención plena te ayuda a romper con esa manera de ver tan rutinaria, a apreciar el agua caliente cada vez que abres el grifo. Así puedes disfrutar de cada acto, por sencillo que sea, hasta de atarte los zapatos. Piensa que llegará el día en que no podrás agacharte con tanta agilidad”, señala Phap Dung.

El monje de 42 años, que en su otra vida trabajaba como arquitecto en Los Ángeles (California, EEUU), participa en el retiro sobre atención plena y educación que acaba de concluir en Plum Village, cuartel general del maestro Zen, escritor y activista nominado para el Nobel de la Paz Thich Nhat Hanh.

Acaba de participar en el retiro con una presentación sobre las relaciones personales. ¿Qué tiene que ver la meditación con las relaciones?

La mayoría de nosotros no disponemos de herramientas apropiadas para solucionar los conflictos familiares, de donde surgen luego todos los demás. Puedes vivir con tu familia sin estar realmente ahí. La meditación no es sólo mirar a una pared; también consiste en ser capaz de sentarte a hablar con tu familia con la concentración, compasión y energía necesarias para solucionar conflictos sin herir a nadie. La meditación es una herramienta que permite frenar, estar presente y observar las cosas con más profundidad, en lugar de correr detrás de todo tipo de estímulos. Alguien que medita está en calma, concentrado… puede convertirse en un refugio para la otra persona.

Usted es un monje célibe. No parece la persona más apropiada para hablar de relaciones.

Convivo con otros monjes y monjas. No importa que se trate de un matrimonio, de relaciones familiares o de amistad. Es siempre lo mismo. Por otro lado, la gente cree que los monjes estamos aislados del mundo. Pero es al contrario: antes estaba tan ocupado que no tenía tiempo de observar cómo actuaba. Pero ahora sé que para relacionarme con mis semejantes tengo que aprender a estar en calma, compartir, estar presente… los ingredientes básicos con los que construyes una relación.

Ahí fuera está lleno de estresados con grandes dificultades para escuchar.

Tenemos mucha tensión en el cuerpo y en la mente. Las prisas y el parloteo incesante en la cabeza traen estrés. Se trata de volver una y otra vez a la respiración, identificar cada inhalación como inhalación, cada exhalación como exhalación. Si la mente está ahí, en la respiración, deja de dar vueltas alrededor de otras cosas de fuera. En la sociedad hacemos lo contrario. Los jóvenes no son capaces de estarse quietos ni un momento. Quieren chequear su móvil o su e-mail constantemente. Les digo: ´relájate, no te estás perdiendo nada. Todo continuará ahí cuando vuelvas a encenderlo´. Están constantemente pensando en lo siguiente. Pero la vida sólo transcurre en el presente.
Incluso cuando estamos esperando, sin hacer nada, estamos estresados. Lo veo en el aeropuerto, por ejemplo. Estás rodeado de gente ansiosa, pegada a su teléfono y su ordenador. Pero si es un tiempo de espera, ¿por qué no te relajas? Pero en nuestra sociedad eso se vive como lo normal. Estar constantemente corriendo es lo normal.

Supongo que era de los que corría, de los ansiosos, antes de hacerse monje.

Desde luego. Los Ángeles es una ciudad muy dura, y yo llevaba una vida social intensa. Si te quedabas en casa un sábado por la noche, eras un pringado.

Recuerdo bien la primera vez que acudí a una charla de Thich Nhat Hanh. Nunca había experimentado nada parecido: un hombrecillo capaz de transformar la energía de un auditorio de 6.000 personas con el simple sonido de una campana. Todo se quedó en silencio. Fue la primera vez que me sentí verdaderamente en paz.

Y abandonó su trabajo de arquitecto.

Cuando estudiaba, era de los que quería cambiar el mundo. Pero eso se fue quedando atrás. Me di cuenta de que estaba tratando de tener éxito y de conseguir más y más a costa de perder mi humanidad. Trabajé con muchos arquitectos famosos y vi que no eran felices. Entonces supe que tenía que hacer algo; todavía no sabía qué, pero algo.

¿Pero cómo se cambia el mundo desde un monasterio? ¿Y si todos hiciésemos lo mismo?

Entonces –de estudiante– tenía esa ambición de conseguir grandes cambios. Ahora sé que uno tiene que empezar por uno mismo. Ser amable, ser buena gente. Eso es lo primero.

A todo esto, con tanto sosiego y deliberación, ¿se produce algo?

Tenemos muchas pruebas ya de que la multitarea no es buena. Las empresas no sólo buscan cantidad; cada vez más, buscan calidad, y eso no se consigue haciendo mil cosas a la vez.
Por otro lado, observa a los que producen mucho. ¿Son felices? Hay que reevaluar la cultura del rendimiento y el éxito. El deseo de conseguir más y más con frecuencia hace que pierdas tu dirección y hagas daño a otros. La meditación te ayuda a mantener la dirección y concentración sin perder tu humanidad. Cuando no eres feliz, no trabajas bien. La felicidad, por otro lado, es contagiosa.

¿Cómo define esta felicidad?

Una persona feliz se conoce bien a sí misma. Ama vivir. No está atrapada por sus ideas y emociones. Sabe cómo cuidarse. Esto no significa que tenga que estar contenta todo el tiempo, pero sabe lidiar con su sufrimiento.
Antes creía que era feliz cuando recibía cosas de fuera: fiestas, estímulos interesantes. Pero mira: observa este instante. Este es un momento feliz. Estoy vivo. Estoy hablando con alguien que quiere ayudar a otros. Puedo alimentar mi felicidad. Esto no es una constante, no hay que darlo por hecho; es una práctica que puedo cultivar.

Felicidad, disfrute… poco que ver con las palabras que una asocia con un monasterio: renuncia, oscuridad, sufrimiento.

En otras tradiciones, quizás uno acuda a un monasterio para obtener la felicidad en el futuro. Pero mira la vida. Como si fuéramos una flor: floreces, disfrutas del sol, de la lluvia, y después vuelves a la tierra. Como seres humanos, hemos salido de la tierra, estamos vivos, tenemos el regalo de la conciencia. Quizá vayamos al cielo, no sé; para mí esto es suficiente. ¿Quejarse? ¿Querer ir a otro sitio? Observa con atención lo que hay detrás de ese deseo, de esos pensamientos.
Hay gente que cree que vivir en un monasterio es salir corriendo de algo, pero eso es una mala interpretación. En esta tradición, estamos motivados por el deseo de vivir la vida intensamente y ayudar a que otros también lo hagan. Y a quien diga que esto no es normal, le invito a que examine su vida: correr, tratar de acumular más y más, esperar a los 65 años para retirarte y disfrutar de la vida… Aquí, en el monasterio, vivo intensamente todos los días. No tengo que esperar a jubilarme.

La felicidad es contagiosa sí, pero también lo es el miedo. Y de eso sabemos un rato en España, donde en los últimos tiempos se esparce como un virus…

Los medios de comunicación propagan miedo y negatividad. Se cuelan dentro de nosotros. Por eso hay que protegerse, no regar la semilla del miedo que todos llevamos dentro. Es un estado mental que puedes cuidar con lo que lees, con las conversaciones que mantienes, los programas que ves.

En sus charlas habla de la necesidad de no huir del sufrimiento. ¿Qué quiere decir con eso, exactamente?

Huimos de nuestro sufrimiento porque no tenemos suficiente solidez para confrontarlo. Alguien que es sólido es capaz de afrontar la adversidad y los desafíos de forma saludable. Es como en las artes marciales: si te entrenas y continúas practicando, no tienes miedo. Para conseguir fuerza necesitas alimentar tu capacidad de disfrutar de la vida, tu atención, gratitud por lo que tienes… con todo ello construyes claridad y fortaleza. Esto no significa que no padezcas dolor, sino que no huyes: no enciendes la tele, coges un libro, vas al cine, comes comida basura o te drogas para no esquivar tu sufrimiento.

Escapar no es posible, no funciona nunca. Más tarde o temprano te perseguirá. Quizá por la noche, cuando no consigues dormir. Cada sufrimiento que hayas superado te hará ganar en sabiduría, conocimiento, compasión por otra persona. De hecho, no quieres liberarte de todo el sufrimiento, porque una parte de él te hace comprender a la humanidad.

¿Es lo que pretende, desde aquí?

Para mí es suficiente con que sea capaz de ayudar a una sola persona a ser más feliz. Cuando me muera, no me moriré amargado. No contribuiré a propagar el miedo y amargura en este mundo. Esto no es budismo, es humanismo: dejemos de lado la cuestión religiosa, el monasterio. Los humanos sufren; quieren ser felices… sólo se trata de esto. 

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